¿Nos definen los números?

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La estadística no es más que otra herramienta para generalizar. Un porcentaje que define un colectivo de personas, un país, comportamientos o lo que sea. Que contribuye a que mentes manipulables juzguen a alguien o algo por su exterior. Y aquí es donde debo poner una cita que encontré pintada en una pared que me gustó mucho (que alguien habrá puesto como un recordatorio para quienes vayan perdidos) “On ne judge pas un livre pour son couverture” (No se juzga un libro por su portada).

Cuando trabajé hace tiempo como comercial, recuerdo que a parte de captar personas a pie de calle también lo hacíamos en edificios. Y yo era de los que juzgaba por lo exterior. Veía un edificio nuevo o semi-nuevo y pensaba que allí obtendría mejores resultados que si iba a uno que ya tuviera sus años. Fue un error que fui repitiendo y repitiendo sin verlo. Porque a decir verdad los resultados obtenidos no eran los que yo esperaba encontrar. ¿Os lo podéis creer? ¡Juzgaba a las personas por ver donde vivían! Triste es y con los días lo vi y cambié mi perspectiva. O a veces no era yo, sino que nos decían: id a esta zona que han habido buenos resultados. Y cuando ibas allí, no sacabas beneficio alguno y perdías el día. Quizá pensaréis que lo que estoy explicando no tiene ninguna relación con la estadística y los porcentajes, pero sí la tiene. Mucha.

Cuando vemos por la televisión u oímos por la radio o leemos en la prensa una noticia en la que se compara o no algo mediante porcentajes, se está definiendo aquello por lo que deciden unos cuantos. Sé que pensaréis que en términos médicos está bien hecho pero he de decir que no. Simplemente porque cada sujeto incluido en la estadística es diferente. Que un medicamento funcione igual para todos no significa que no puedan derivar efectos secundarios a algunos. Y tales efectos surgen por la misma razón que digo: cada persona es distinta. Entonces, ¿para qué sirve la estadística? En mi opinión, para convencer sobre algo a los que son cortos de miras con resultados inexistentes. Y aquí va otro hecho de mi anterior ocupación que explicará mejor eso de “resultados inexistentes”.

Estoy en una calle principal de un pueblo intentando captar gente y resulta que las cincuenta personas que he parado muestran interés en el producto que vendo y no solo eso sino que también me lo compran, por lo que ya tengo el día hecho. Al siguiente día me sitúo en la segunda calle principal y a excepción de una persona, nadie está interesado en el producto que vendo.

Puesto este ejemplo podemos pensar lo que muchas veces ocurre con la estadística: Si yo hubiera marchado el mismo día ¿debería haber dicho que la gente de este pueblo esta interesada en lo que vendo? Y si marcho el segundo ¿qué tendría que decir? Es algo demasiado complejo porque tan podría haber encontrado en el primer día nadie interesado como gente interesada en el segundo. Es una mera cuestión de azar. Porque si voy los mismos días del siguiente año puede o no pasar lo mismo.

Y aun así cuando se estudia una población por lo que consume, se alude al mismo problema. Porque no se sabe el porque de lo que compra, son muchas razones las que se derivan y las que pueden derivar a que no lo compre: dinero, dieta, gusto, capricho…

Nos la encontramos día a día, algunos la creen y otros la cuestionan. Ahora, si yo digo ¿Y tu, eres del 90% que define lo que ve por la estadística? ¿Cuando salgas a la calle qué harás? ¿Mirarás las personas prejuzgándolas o ignorarás la pregunta y las juzgarás de forma individual?

Espero, por favor, que sea lo segundo.

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