El poder del escritor

realidad irrealDespertó torpemente a media noche en una espesura, se sentía desorientado, no recordaba nada y cómo había ido a parar allí. Las últimas palabras oídas venían del sueño que acababa de tener y del cual no recordaba nada “El noctámbulo fantasma te guiará en tu aventura”. El cálido aire acariciaba su cara y las gotas de sudor que descendían le empapaban el pecho. Aquel lugar en el que se hallaba le era desconocido, pero lo más emocionante y que a la vez le captivaba era creer poder modificarlo a su antojo. El aullido de una criatura obligó a mantenerse en alerta. Segundos después se alzaban como por parte de magia vigorosos muros de piedra y los granos de arena húmedos por la reciente lluvia caída se unieron formando una sólida placa compacta. Sensación alguna notó de este cambio, y en poco menos de un minuto se hallaba en una sala cuadrada adornada con retratos y pinturas de celebridades con una pequeña mesa redonda de roble sostenida por tres patas en el centro. ¡Qué sala más hermosa! Aunque parece que el clima no ha cambiado, dijo para si mismo secándose con la manga el sudor que le seguía cayendo de la cara. Sin saber qué hacer caminó hacia la mesa apareciendo encima de ella un orbe de cristal rosa cogido con los cuernos de dos cabras. Entre una espesa niebla cuatro puertas de metal aparecieron, la que quedaba más a la derecha tapiada con cadenas, y como si de una fuerza gravitatoria se tratara fue abducido por aquella esfera hallándose frente a las cuatro puertas. Un escalofrío recorría su espalda, como si alguien más estuviera allí. Solo cuando observó en todas direcciones entendió que estaba equivocado, no había nadie, solo que los rostros de los retratos ahora despiertos lo miraban amenazadoramente. Ver su mirada clavada en él lo intimido bastante y ese malestar se agudizó con un ruido chirriante. Volviendo al escenario donde estaba resultó que la puerta doble central había quedado abierta. Parecía corresponder a un ascensor, pues la débil luz blanca de dentro dejaba ver un panel de botones con números. Aunque en el interior no había nadie y eso lo calmaba se sentía algo angustiado por las docenas de ojos que lo acechaban. No fue el caminar ni la presencia de alguien cerca de donde se encontraba sino el sentir una respiración propia contraria a la suya que lo aterrorizó más todavía, y la cual fue apagándose mientras recorría el trayecto hacia el ascensor. Resonaron en su cabeza las palabras “el noctámbulo fantasma te guiará en tu aventura” y poniendo un empeño que sacó de quien sabe donde avanzó acompañando la entidad desconocida. Las puertas se cerraron automáticamente crujiendo el óxido del metal, y ni abajo ni arriba que se movió. Contrariamente a su funcionamiento convencional el espacio comenzó a llenarse de agua y el noctámbulo quedó visible con el agua revelándolo como un fantasma azul. Y comprendió al momento que él mismo había sido el guía de su aventura.

Por irreal que fuera lo que acababa de vivir se convenció de que no había estado soñando. ¡Qué va! La luz del sol entraba por la ventana iluminando la habitación blanca. Él estaba despierto y sentado en una silla frente al ordenador. A su lado un bolígrafo y una hoja de papel con garabatos y escritos. El pijama que vestía estaba seco y sin ninguna gota de sudor. Y poniendo punto y final a la historia pensó: supongo que este es el poder del escritor.

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